LAS TINIEBLAS | Recopilatorioss

LAS TINIEBLAS

Posted by Recopilatorioss On 22 mar. 2013 0 comentarios


Tuve un sueño, que sueño no fue en absoluto;
el brillante sol habíase extinguido, y las estrellas
vagaban a oscuras en el espacio eterno,
sin luz y sin sendero, y la helada tierra
oscilaba ciega y oscureciéndose en el aire sin luna;
llegó el alba y pasó y llegó de nuevo sin traer el día,
y los hombres olvidaron sus pasiones ante el terror
de ésta su desolación; y todos los corazones
se enfriaron en una plegaria egoísta por la luz;
y vivieron junto a hogueras; y los tronos,
los palacios de los reyes coronados, las cabañas,
las morada que habitan bajo techo,
fueron quemadas para iluminarse; las ciudades se consumiéronse,
y los hombres se juntaron alrededor de sus ardientes casas
para volverse a examinar los rostros;
felices eran aquellos que vivían dentro del ojo
de los volcanes, y su antorcha montañosa;
una esperanza pavorosa era todo lo que el mundo contenía;
incendiáronse los bosques, pero otra tras hora
cayeron y se apagaron y los troncos crepitantes
se extinguieron con un estrépito
y todo se hizo negro.
Las frentes de los hombres a la luz que desesperaba
tenía un aspecto sobrenatural, mientras intermitentes
los rayos les embestían; unos se dejaban caer
y escondiendo los ojos lloraban; otros descansaban
sus mentones sobre sus manos crispadas y sonreían;
y otros se apremiaban de aquí para allá, y alimentaban
sus piras fúnebres con combustibles,
y alzaban la vista
con loca desazón al apagado cielo,
palio de un mundo pasado; y luego de nuevo
con maldiciones se arrojaban sobre el polvo,
y rechinaban los dientes y aullaban; las silvestres aves temblaban,
y, aterrorizadas, aleteaban en el suelo,
y batían sus inútiles alas; las bestias más salvajes
hacíanse dóciles y medrosas; y las víboras se arrastraban
y retorcínase entre las multitudes,
sibilantes, pero sin veneno; las mataban para alimentarse.
Y la Guerra, que por un instante desapareciese,
volvía a hartarse: la comida se compraba
con sangre, y cada uno se hartaba hoscamente aparte,
engullendo en la penumbra: no quedaba amor;
toda la tierra no era sino un pensamiento
y éste era muerte,
inmediata y sin gloria; y la punzada
del hambre se alimentaba de todas las entrañas: los hombres
morían, y sus huesos no tenían tumbas,
y tampoco su carne;
el magro por el magro era devorado,
hasta los perros atacaban a sus amos,
todos menos uno,
y éste era fiel a un cadáver, y mantenía
a raya a los pájaros, a las bestias y a los hombres famélicos,
hasta que el hambre los asió, o el caído muerto
sedujo sus enjuntas mandíbulas; el perro no
buscó alimento,
pero con un gemido perpetuo y digno de lastima
y un raudo y desoladogrito, lamiendo la mano
que no le respondió con una caricia, murió.
El hambre de la multitud augmentó paso a paso;
pero dos de una ciudad enorme sobrevivieron,
y eran enemigos: se encontraron junto
las moribundas ascuas de un altar
donde habíase amontonado una pila de objectos sacros
para un uso sacrílego; rascaron,
y temblando escarbaron con sus frías manos esqueléticas
las débiles cenizas, y sus débiles alientos
soplaron, buscando un poco de vida, e hicieron una llama
que era una burla; luego elevaron
sus ojos a medida que aquella se avivaba, y contemplaron
sus semblanteas: se vieron, temblaron y murieron:
hasta de su mutuo horror murieron,
sin saber quién era aquel sobre cuya frente
el hambre había escrito demonio.
El mundo estaba vacío,lo abundante y lo poderoso era un terrón,
sin estaciones, sin hierba, sin árboles, sin hombres, sin vida
un terrón de muerte – un caos de dura arcilla.
Los ríos, lagos y océanos estaban immóviles,
y nada se agitaba en sus silenciosos abismos;
barcos sin marinos yacían pudriéndose en el mar,
y sus mástiles caían haciéndose pedazos; y al caer
dormían en el abismo sin levantar oleadas;
muertas estaban las olas; las mareas en sus tumbas,
pues en la muerte, su amante, la luna, las había precedido;
los vientos se marchitaron en el aire paralizado,
y perecieron las nubes: no las necesitaban
las tinieblas: ellas eran el universo.

Lord Byron (1816)



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